A girl like me

Ryan Reynolds: artículo en Esquire Latinoamérica

Posted on: 20 enero, 2012

Ryan Reynolds: el sueño canadiense

Un actor de maneras clásicas, su destino fue marcado por la casualidad y ahora trae de cabeza a Hollywood… y a las mujeres.

Por: Alejandra Musi / John Russo (fotos) | Fecha: 20/01/12

Primer acto: Ryan Reynolds sufre de verdad -o nos hace creer que sufre de verdad- enterrado vivo en un ataúd, del que intenta escapar antes de que se le termine el oxígeno. Suda como Elvis Presley, se retuerce en un espacio minúsculo, contagia su angustia. La película donde esto ocurre, Buried, no fue un éxito de taquilla, pero hizo que varios críticos cinematográficos se quitaran el sombrero ante la interpretación de Reynolds.

Segundo acto: una ráfaga verde cruza la pantalla. Es Ryan enfundado en un traje verde eléctrico, volando por el espacio sideral hasta llegar a otro planeta. En Green Lantern, Reynolds demostró que, si se lo propone, puede ser el gran héroe de acción que estamos esperando.

Tercer acto: un día cualquiera de septiembre de 2011 -con amenazas de crisis económica, ataques aborrecibles de narcos y declaraciones igual de aborrecibles de políticos- deja de ser un día cualquiera cuando los medios difunden tres imágenes reveladoras de la actriz Scarlett Johansson, quien para muchos hombres es el colmo de lo sexy. Las fotos, sabremos después, le fueron birladas a Scarlett de su teléfono celular. Ella misma se retrató desnuda para enviárselas al hombre que era su esposo en ese entonces, un tal Ryan Reynolds.

¿Cómo se llamó la obra? El sueño canadiense.

Así es. Olvídense del sueño americano, porque Reynolds (Vancouver, 1976) y una buena cantidad de actores no nacidos en Estados Unidos (Fassbender, McAvoy, Hiddleston, Firth, Craig, Bardem et al) están reclamando su lugar como los nuevos reyes de Hollywood: tipos bien parecidos, interesantes y talentosos, que no se conforman con estancarse en un solo género cinematográfico y que, por si fuera poco, se están quedando con las mejores chicas.

En el caso de Reynolds, su naturalidad para seducir a las audiencias hace pensar que nació para estar en un set, que siempre tuvo las cosas claras y que nunca dejó de luchar para convertirse en una celebridad. Pero no fue así. En realidad, la aventura y la casualidad fueron los culpables de que este amante de la música y los viajes se volviera una estrella. Incluso se puede decir que su carrera empezó sin que él fuera consciente de sus cualidades histriónicas.

Al sur de la frontera
En un principio, Reynolds parecía condenado a un futuro telenovelero (y, peor todavía, ¡en Canadá!). Su ambiente familiar no parecía el más propicio para que mostrara sus inquietudes artísticas: es el menor de cuatro hermanos, dos de ellos policías, al igual que su padre.

Sin embargo, fue su curiosidad e interés por conocer otros lugares lo que lo llevó a los sets de televisión, cuando en plena efervescencia adolescente se apuntó a un casting masivo en Florida para participar en Hillside, una serie de corte juvenil que duró cuatro temporadas.

Pero tras ese comienzo prometedor, al menos para convertirse en una especie de rbd canadiense, Reynolds se encontró de regreso en Canadá sin buenas oportunidades en la mira.

“A los 16 años renuncié a la actuación para perseguir otros intereses y tal vez ir a la universidad. Pero un amigo me convenció de intentarlo en Los Ángeles. Así que al día siguiente de cumplir los 18 años me aventuré al sur de la frontera. Quizá le debo a mi amigo una buena comisión y muchos pagos atrasados”, bromea Ryan al referirse a Chris William Martin, otro actor canadiense al que conoció durante su época en Hillside.

Sus inicios en Los Ángeles fueron como los de cualquier joven que busca una oportunidad: mudanzas constantes, hamburguesas baratas, poco trabajo y cero glamour. Hasta que un par de años después le dieron el sí para interpretar a uno de los tres jóvenes de la serie televisiva Two Guys, a Girl, and a Pizza Place, una sitcom que contaba las vivencias de un trío de amigos que buscaban su lugar en el mundo.

“Ése sigue siendo uno de los mejores trabajos de mi vida”, recuerda Reynolds, quien interpretaba a Berg, un doctor joven, guapo y egocéntrico que tiene gran éxito con las mujeres. “Era un híbrido perfecto entre actuación e improvisación. Cada semana grabábamos con audiencia en vivo y pasaba mis días rodeado de gente a la que amaba. Realmente ha sido una de mis mejores experiencias en Hollywood. Cuando el show terminó estaba feliz de cerrar esa etapa y empezar un nuevo ciclo, pero siempre recordaré ese tiempo como un periodo de profundo aprendizaje”.

El sueño de cualquier actor
Reynolds tampoco se resignó a volverse prisionero de las sitcoms. Uno de sus grandes aciertos ha sido la convicción con la que ha evitado encasillarse en estereotipos que le habrían asegurado fama y fortuna por los siglos de los siglos. Estuvo cerca de hacerlo, sobre todo por su papel en Van Wilder, una comedia en la que interpretó a un party animal universitario que le ganó muchos admiradores entre los amantes de las películas tipo American Pie (todo está dicho).

Luego de aparecer en Blade: Trinity, su siguiente papel importante fue en la cinta de terror The Amityville Horror, seguido por más comedias: Waiting y Just Friends, en la que a ratos se quitó la máscara de galán para convertirse en el amigo gordito y bonachón al que todas le tienen cariño, pero nadie toma en serio. (¿La moraleja? Trabaja en tu abdomen hasta tener un six pack como el de Ryan y todos tus problemas quedarán en el olvido.)

De nuevo dio un giro de 360 grados para filmar Smokin’ Aces, su primer protagónico en una película de acción. Esa capacidad para abordar cualquier papel con igual efectividad pronto se convirtió en el sello de Reynolds. Él se lo atribuye a la pasión: “Amo mi trabajo y amo el proceso creativo. Creo que cada filme es único y diferente. La visión que predomina es que hacer comedia es fácil y hacer drama es difícil. Pero la verdad es que ambos trabajos requieren del mismo nivel de determinación y disciplina”, explica.

Y así como Ryan parece no temerle a ponerse en la piel de cualquier personaje, tampoco duda en arriesgarse con filmes complejos que mezclan ciencia ficción con drama y fantasía como The Nines (“una de esas cintas que implica un reto para todos los involucrados, incluyendo al público”, asegura), o a demostrar hasta dónde puede estirar su talento y su resistencia, como lo hizo en la ya mencionada película independiente Buried, del director español Rodrigo Cortés.

“Buried es el sueño de cualquier actor”, dice Reynolds. “Aprendí más haciendo esa película que en cualquier otra. Fue una experiencia única y, en verdad, una de las mayores pruebas de resistencia que he tenido como persona y como actor. Fue la filmación más compleja de mi vida, pero el resultado compensó cada onza de angustia”.

Sin miedo a las alturas
Antes de Buried, Ryan había aparecido en The Proposal, con la ganadora del Oscar Sandra Bullock, que resultó ser un éxito. En este largometraje quedó otra vez de manifiesto la habilidad de Reynolds para caer bien a hombres y mujeres (bueno? un poco más a las mujeres), sumado a una capacidad de contención que lo hace salir bien librado de las situaciones cinematográficas más ridículas. Lo curioso es que, pese a la gran cantidad de comedias que ha hecho, este actor dice que no se considera un comediante: “Creo que tengo el timing necesario para la comedia, pero nunca me atrevería a definirme como comediante”.

La credibilidad que ganó con Buried le permitió afrontar un reto que, si las cosas no salen bien, puede marcar a un actor de por vida (pregúntenle a George Clooney): interpretar a un superhéroe de cómic. Tras ser elegido para el personaje de Linterna Verde en la cinta del director neozelandés Martin Campbell, Ryan alcanzó el status de superestrella. Pero encarnar a Hal Jordan no fue fácil, pues tuvo que prepararse durante un año para lograr la condición física necesaria, acudir al gimnasio diariamente a las tres de la mañana, para empezar a rodar dos horas después, y superar su miedo a las alturas.

Todo lo anterior, sin embargo, no impidió que Reynolds disfrutara el proceso y el resultado: “Hacer Green Lantern fue divertidísimo. Es una de esas películas para ver con palomitas y dulces, que sueñas con poder hacer algún día cuando eres niño”.

Para no perder la costumbre, su siguiente paso tras Green Lantern fue desligarse lo más posible de su último papel con otra comedia, The Change-Up, del director David Dobkin (Wedding Crashers). Luego viajó a Sudáfrica para enrolarse en la filmación del thriller Safe House, en la que encabeza un reparto que incluye a Denzel Washington, Vera Farmiga y Sam Shepard.

“Creo que esta película, al igual que Buried, hará que la industria se fije en otro joven director al que hay que seguirle la pista”, dice Ryan. “Daniel Espinosa es uno de los realizadores más interesantes del panorama actual. Trabajar con él es como comprar una buena cartera de acciones a tiempo. Además, filmar en Sudáfrica fue increíble. Lo mejor de mi trabajo es la oportunidad de conocer diferentes culturas y personas”.

Los contratos importantes no paran de llegar a sus manos. Pronto lo escucharemos en The Croods, una cinta animada al lado de Emma Stone y Nicolas Cage; también compartirá créditos con Jeff Bridges y Kevin Bacon en la comedia policíaca R.I.P.D.; y de nuevo prestará su voz para dar vida al caracol más rápido del mundo en la película animada Turbo.

El hecho de que Reynolds tenga la agenda repleta hasta 2014 no es de extrañar, pues según ha dicho el director Rodrigo Cortés: “Ryan es como un Stradivarius para un violinista, un actor perfecto que pone la mejor calidad en tus manos y te deja hacer lo que quieras con él”. Así es fácil comprender por qué hoy en día es uno de los actores más buscados en el edén cinematográfico. Nada mal para un soñador canadiense.

 

Fuente: Esquire Latinoamérica

 

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